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EL EDUCADOR REVOLUCIONARIO: (En la foto J. Krishnamurti quien dedicó gran parte de su vida a la educación transformadora)

En nombre de eso que llamamos "educación" hemos sido adiestrados para obedecer. Al través de la repetición y del aprendizaje de conocimientos formales hemos creado una forma de vida moldeada y adaptada en donde las ideas del "éxito", del triunfo y de la fama van encaminados a producir un tipo de persona obsesionada en el Tener por encima del Ser. Somos tan obedientes que nos sentimos incapaces de cuestionar , indagar, inconformarnos y preguntar a dónde vamos con éste tipo de "educación" , inspirada en la competencia y edificada sobre los intereses de quienes ejercen el control social. Tememos ser señalados como rebeldes pues sabemos que a pesar de todo lo que se declara, hay muy pocos espacios para la disidencia . Sabemos que a quien es etiquetado de rebelde es perseguido, descalificado y castigado por las diferentes estructuras que conforman el Poder : las religiones autoritarias, los dogmas del "saber" de las sociedades "científicas", la política al través de sus diferentes agrupaciones domesticadas, lo económico con sus diferentes sanciones y, de manera especial , por todo ese aparato que comprende el sistema "educativo". Como parte de toda esta estrategia de sometimiento, al través de lo educativo se oferta la idea de la "inteligencia" como uno de los valores que sin duda nos abrirán las puertas del reconocimiento social . Por ello nos lanzamos en pos del fantasma de la "intelectualidad" devorando libros, acumulando diplomas, medallas y grados académicos, o bien, asistiendo a cuanto curso se nos atraviese en el camino, pues pensamos que de esa manera adquiriremos la "sabiduría". EL FANTASMA DE LA SEGURIDAD: Como parte de esa absurda carrera nos desvivimos por pertenecer a alguna "escuela de pensamiento", "corriente ideológica" o "movimiento espiritual" que nos auxilie a reafirmar nuestra frágil identidad : queremos ser alguien perteneciendo a algo. Desesperadamente corremos en busca del fantasma de la seguridad. Como parte de esta estrategia de control, la oferta de una "educación superior" que asegure un futuro triunfador, eleva el precio de nuestras acciones en este enorme mercado de valores en el que hemos convertido nuestras vidas . Es precisamente esta fantasía de superioridad ( que a menudo esconde profundos sentimientos de inferioridad) la que nos lleva a mirar por encima del hombro a quien no tuvo acceso u oportunidad de algún tipo de instrucción escolarizada. El proceso educativo salvo excepciones , se limita a retransmitir y a consolidar los valores de la cultura en la que vivimos. Así, en nombre de la tradición, de las "buenas" costumbres, de la moral, de los antepasados o de los "valores culturales" se "enseña" lo que un "buen" ciudadano debe aprender para ser aceptado socialmente. La educación tradicional se nutre de lo antiguo y promueve todo aquello que sirva para afianzarnos en el pasado. De esta manera, al validar a la educación como una instancia retransmisora de valores , la convertimos en una eficaz herramienta de control destinada a fabricar personas uniformes, adaptados y conformes con lo viejo . Personas hipnotizadas por la oferta de la seguridad. Nuestras ansias de “normalidad” Estas mentes nulificadas emocional, mental, psicológica y socialmente , se convierten en la enorme masa de mediocridad que integra eso que tanto anhelamos : "la normalidad". Es tan fuerte nuestro temor a ser considerados "anormales" que preferimos el molde a la creatividad, el patrón a la inventiva, las cadenas del qué dirán a la libertad, la guía a la iniciativa y la sumisión vergonzosa a la rebelión. Para que este proceso de degradación no sea tan doloroso creamos escuelas, institutos y universidades, que bajo la doradura de la palabra "educación", sirven para justificar nuestra incapacidad de trabajar en la revolución interior que puede hacernos libres. Hemos creado instituciones y espacios del "saber" que esperan a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, para continuar con ese indignante proceso de sujeción. COMPARAR Y COMPETIR: En esta cultura que hemos creado se enaltece lo "inteligente" aunque no sepamos a ciencia cierta que queremos decir con ello y, en contraste, se desprecia todo aquello que parezca "tonto" e "ignorante". De hecho, el sistema educativo en cuyas manos hemos entregado la salud emocional de nuestros hijos(y con ello su autoestima, alegría y creatividad ) se basa en la competencia. La comparación juega un papel muy importante en la manera de "educar" , comparación que aguijonea en las largas noches de insomnio o en las pesadillas que amargan y dejan huellas imborrables en la vida de muchos niños y adolescentes . Es esta compulsión por demostrar quién es "mejor" la responsable de profundos y dolorosos sentimientos de rivalidad emanados de la crítica, del rechazo y de la comparación. MÁS QUE BUSCAR CULPABLES, INVESTIGUEMOS LAS CAUSAS DE NUESTRA MEDIOCRIDAD: Toda esta manera de "educar" en casa, en la calle y desde luego, en la escuela, no es casual sino más bien es causal y es un claro exponente de lo que somos como grupo social. Las causas hay que buscarlas en nuestras ansias de "triunfo", en nuestros deseos de ser los "mejores" como personas, familia, colonia, barrio, escuela, equipo de fútbol, partido político, religión , nación y en todo lo que pueda proporcionarnos la droga de la soberbia. Siempre nos comparamos y, aunque salgamos mal parados , queremos creer que somos mejores que los demás. La comparación es un vano intento de salir de nuestra mediocridad. Sería un grave error enfrascarnos en la búsqueda de culpables y por ejemplo afirmar que los padres , la escuela o lo que sea tienen la "culpa" de toda esta manera de enajenar y confundir en nombre de la "buena educación" . No, en lugar de buscar culpables de la mediocridad que hemos creado, investiguemos y reflexionemos acerca de nuestro papel en el proceso educativo que en su sentido más profundo, nos involucra y responsabiliza a todos como educadores. En vez de satanizar o de quemar en leña verde al sistema educativo , reconozcamos con honestidad y humildad que es nuestra creación . Tenemos la forma de educación que hemos sido capaces de crear y que es a su vez un retrato de nuestras necesidades individuales y colectivas. Aceptemos que la comparación y la competencia que son el cimiento de la estructura educativa que nos rige, no son otra cosa que la institucionalización de las necesidades de nuestros egos individuales maltrechos, ansiosos de reconocimiento y de la trascendencia , ofertas predilectas de quienes ejercen el Poder. EDUCANDO EN EL MIEDO: Todos de alguna manera hemos sido adiestrados por la "educación" para buscar seguridad , comodidad y el beneficio personal. Detrás de las ansias por una "educación superior" para los hijos se encuentra nuestro el miedo al fracaso. Tal vez para muchos padres no exista fantasma más espeluznante que el tan temido fracaso de sus hijos. Es frecuente que muchos padres angustiados por toda esta programación competitiva exclamen : " nos preocupa lo que va a ser de ellos el día de mañana". Este miedo aumenta cuando reciben las “evaluaciones” a las que han sido sometidos sus hijos, a veces realizadas con abuso y crueldad . Las tan temidas calificaciones son reportes acerca de matemáticas, física, biología y de todas esas cosas en las que hemos fraccionado artificialmente la realidad, pero a las que les hemos otorgado el valor de diferenciar al hijo "triunfador" del hijo "fracasado". Calificaciones con las que a menudo más que evaluar qué tanto se "sabe" de la materia en cuestión, se califica al hijo , a quien le "enseñamos" que para que lo amemos tiene que hacer lo que le digamos pero que , sobre todo, debe ser un alumno "aplicado" . Nos preocupamos y hasta nos tornamos violentos si hay materias reprobadas, pero muy rara vez nos preguntamos cómo se sentirá nuestro hijo, porqué reprobará, qué sucederá en su interior cuando lo comparamos con alguien, qué imaginará cuando condicionamos nuestro amor y, para decirlo de manera más amplia , muy pocas veces nos interesamos por su persona. Lo que realmente interesa es que no "fracase" , porque tal vez sentimos que hemos fracasado a pesar de nuestro dinero, posición social, grados académicos, fama , "moralidad" , religiosidad fanática, aspiraciones políticas, apellido "influyente" y demás fantasías de grandeza. Siendo parte viviente de esta cultura centrada en el Tener por encima del Ser, el miedo al fracaso es ciertamente una amenaza para nuestra felicidad. Vale pues la pena preguntarse: ¿ Será el miedo lo que le da rigidez a esta manera de "educar"? Si nos atrevemos a considerar esa posibilidad cuestionémonos a fondo y tal vez encontremos que el miedo no existe por sí sólo: existe en relación con algo que podemos perder. Y si queremos ir más adentro, revisemos si todo eso que englobamos con la palabra "educación" , no es otra cosa que nuestro miedo institucionalizado y que a toda costa queremos transmitirle a nuestros hijos. LA REVOLUCIÓN INTERIOR: La educación no puede ser reducida a un asunto de adiestrar la mente para "aprender" alguna cosa: materia, oficio, profesión, habilidad o técnica, porque todo ello implica seguir normas. Una mente "educada" de esta manera es una mente limitada y destinada a continuar el pasado repitiendo lo viejo: es una mente automática incapacitada para descubrir lo nuevo. La educación en su connotación más profunda se ocupa de examinar el sentido total de la vida, porque comprender por qué vivimos implica entendernos a nosotros mismos y poner fin a la más grande de todas las ignorancias: el desconocimiento de nuestra realidad . Educar desde esta perspectiva implica despertar, dejar atrás lo conocido con sus dogmas y prejuicios . El proceso educativo visto de esta manera es una inmersión en nosotros mismos y emprender el estudio de nuestra propia persona, observando los movimientos, exigencias y necesidades de nuestro Ego. Este trabajo de investigación no es materia exclusiva de psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras; es un trabajo en el que todos tenemos a la vez derechos y responsabilidades. En la comprensión de nosotros mismos el temor se desvanece , porque interiorizarse requiere de un trabajo alerta y creativo que pone punto final a la culpa que somete y controla. La educación , planteada en estos términos, es un proceso liberador . Es un trabajo revolucionario e inteligente que nos permite distinguir lo esencial de lo accesorio percibiendo la totalidad de las cosas, sin fragmentaciones ni divisiones ficticias. Educar es esencialmente un acto revolucionario: es un cambio drástico y radical en la manera de mirarnos a nosotros mismos y a lo que nos rodea, para actuar en consecuencia, en lo individual y en lo colectivo. En este sentido todos sin excepción somos educadores y también, responsables de la revolución interior que puede dar inicio al vuelo hacia la libertad.

TEMAS DE SALUD MENTAL

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Dr. Gaspar Baquedano López.Psiquiatra.

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